67 Francisco Mora Menicanti

Durante mi época escolar mi más grande amigo y compañero fue “Pancho Mora”: Raúl
Francisco Mora Menicanti.
Vivía detrás de mi casa.
Hijo de un riguroso gerente de banco y de una mujer muy agradable que algo tocaba el
piano de ¼ de cola que tenían en casa.
Con Pancho solíamos caminar y caminar y caminar incansablemente las calles de Viña del
Mar y tirarnos al mar cuando habia algún oleaje que lo ameritara.
En esa época en que no se hacía Surf nos limitábamos a nadar. Nadábamos de día y de
noche, invierno y verano.

Tambien escalábamos edificios, lo que nos permitía tener algunos departamentos donde
podíamos instalarnos a conversar y a tomar los tragos que hubiera en el bar o la despensa.

Cuando mi madre se cambió de la mansión en ocho Norte a un departamento en el tercer
piso cuyo balcón daba a la avenida Libertad yo habitualmente subía a nuestro
departamento y bajaba de él por la fachada del edificio.

Cuando construyeron los altos edificios en lo que fueron los terrenos de nuestra querida
piscina Ocho Norte y los terrenos que siguen bordeando la playa hacia el Norte, tuvimos
por fin edificios de buena altura, 20 pisos, cuyo balcones se prestaban especialmente para
subir por la fachada y entonces muchos departamentos para intentar entrar a ellos, por lo
que fueron muchos los que pudimos colonizar.

Desde muy pequeñito Pancho fue borracho porque en su casa sobraban las botellas de
whisky que llegaban de regalo a su padre banquero.
A los 13 ó 14 años de edad decidí comenzar a tomar como hacía mi amigo.
Entonces nos fuimos a la avenida Perú y nos acostamos en el enrocado que protege la
avenida. De noche, echados cerca del mar abrimos una botella de whisky que Pancho sacó
de su casa y empezamos a tomar directamente de ella.
Pancho me comentaba que él veía doble la luna y dobles las estrellas. Me preguntaba
cómo me iba sintiendo. Para mi propia sorpresa le decía que me sentía absolutamente
perfecto y que veía todo bien y sin duplicados. Cuando terminamos esa botella y llegó el
momento de irse yo apenas si era capaz de noverme y en ningun caso de ponerme de
pie, de modo que Pancho tuvo que encontrar la manera de sacarme del enrocado y de
llevarme a casa.
En el camino pasamos frente una fiesta.
Pancho era famoso por lo buenmozo y atractivo.
Algunas muchachitas salieron a buscarlo.
Me dejó aferrado un poste del cual caí hasta que quedé enrollado a sus pies y ahí estuve
hasta que Pancho dejó la fiesta, me recogió y me fue a dejar a casa.
Esa fue mi primera experiencia como borracho.

A los 18 o 20 años me emborrachaba 300 días al año. No puedo explicar por qué pero
practicaba mucho deporte y me emborrachaba todas las noches.

Pocos años después de que ingresé al colegio de los padres franceses, Pancho Mora fue
expulsado por mal alumno.
Sus padre lo inscribieron en el Liceo Guillermo Rivera de Viña del Mar.
Esto me dio oportunidad de hacerme pasar por alumno de ese liceo y conocer lo mal que
funcionaba la educación en los liceos públicos.

Un día de mal tiempo en Viña del Mar salimos a desafiar las olas con Pancho Mora y
Ximeno Urenda. No recuerdo si también Rodrigo Urenda estaba con nosotros ese día.
Nos metimos en Playa Amarilla. Cuando quisimos regresar a la playa la intensidad del
oleaje no lo hacía factible. Pasaron las horas y nosotros ahí luchando contra el mar. Mas
tarde veíamos desde lejos que ya había llegado hasta la playa la liebre de don Ximeno y
que los padres de Ximeno estaban mirando cómo librábamos de esa delicada situación.
Recuerdo haber llevado muchos golpes de ola y que cada vez que se pasaba un poco la
brutal agitación bajo el agua, yo solo esperaba encontrar un pedacito de cielo para
respirar antes de que la ola siguiente me tirara una vez más a los remolinos que generaba
cerca del fondo del mar. Una de esas olas me golpeó en mala forma y sufrí un corte en la
mandíbula contra el fondo de la playa. Poco rato después sentí que había logrado hacer
una playita, que es como llaman en Chile a hacer body surfing con las olas y finalmente
sentí la arena en mi abdomen y vi que me había salvado. No recuerdo si antes o después
Pancho y Ximeno lograron llegar hasta la playa. Todos salimos casi incólumes.

Cuando mi querido amigo Pancho Mora salió del colegio e intentó entrar a la universidad
dio una prueba nacional con puntaje bastante bajo porque no era precisamente un buen
alumno. Como quería entrar a la carrera de Técnico Pesquero en la Universidad Católica
de Valparaíso, decidimos falsificar el carnet de identidad.
En esa epoca cada carnet de identidad era un cuadernillo de varias hojas en una de las
cuales estaba la foto del interesado. Cambiamos su foto por la mía lo que nos obligó a
falsificar el timbre de tinta del gabinete de identificación y todas las señales que en esa
época se ponían debajo de la foto. Entre ellas decía carnet número equis, gabinete de
identificaciones, reproducción prohibida, etc. Hicimos todas las falsificaciones necesarias.
Con ese carnet de identidad pude dar examen de admisión por él y dado que yo estaba en
primero o segundo de ingeniería no tuve grandes dificultades para que Pancho quedara
entre los mejores postulantes seleccionados.
Durante su primer año en la universidad uno de los estudiantes de su clase cuyo nombre
no recuerdo y llamaré López no se presentó nunca. Entonces cuando yo iba a clases a dar
los exámenes o las pruebas que Pancho me avisaba que tendrían, yo era López, me
sentaba al lado de Pancho y le dictaba para que pudiera tener buenos resultados en sus
pruebas y exámenes. Pero Pancho, que así como hermoso, agradable y callado era muy
poco responsable no tuvo el cuidado de avisarme de todas las pruebas ni de todos los
exámenes. Entonces perdió el año y tuvo que volver a postular.

Lo grave fue que yo, López, había sido candidato a representante de curso ante las
organizaciones estudiantiles de la universidad. Entonces aunque López era un tipo más
bien conocido nos veíamos en la necesidad de qur López postulara nuevamente a nombre
de Pancho para que Pancho pudiera reingresar a la escuela de Técnico Pesquero.
Debo admitir lo nervioso que estaba yo ese día dando examen de admisión a nombre de
Pancho Mora habiendo sido incluso candidato bajo el nombre de López y siendo
realmente Antonio García, con todo lo cual me arriesgaba a cinco años de cárcel según la
ley chilena. Afortunadamente no nos descubrieron. Pancho volvió a entrar y como es de
imaginar volvió a ser reprobado. Lo echaron definitivamente de la universidad.

Muchos muchos años después, siendo exitoso empresario llegue de Venezuela a visitarlo.
Lo encontré en su cuarto, acostado a pesar de ser mediodía.
Lo invité a comer y tomar por los lugares de la ciudad donde solíamos hacerlo cuando
éramos muchachitos. Nos emborrachamos brutalmente.
Cuando lo traje de regreso a casa sus padres me imploraban que me lo llevara, que lo
convirtiera en un hombre de trabajo.
Fue muy triste para mi.
Nunca más lo vi.